domingo, 28 de octubre de 2012

NO PERDAMOS LA MEMORIA NI LAS ESPERANZAS

 

Mi papá nos contaba que cuando pasaban las aves migratorias por la finca donde nací se oscurecía todo como si fuera casi de noche, esa migración nunca la conocí, en mi caso les cuento, nosotros recogíamos  pececitos de colores en las quebradas de Medellín, y en los ríos y quebradas del campo en las aguas que se estancaban eran llenas de unos animalitos negros redonditos, por miles, eran renacuajos, es decir ranas en su fase inicial, ellos en su metamorfosis perdían la cola y les salía las patas, hoy en día me asombro de no ver este fenómeno en los ríos y quebradas.

Para las nuevas generaciones estos recuerdos narrados acá y muchos mas contados por muchas personas no los sorprenden, no los convoca, de todas maneras siempre habrá una franja de ambientalistas que se preocupan por la vida silvestre.

La muerte de la fauna es una realidad y una sola vida de un ser humano es nada ante miles de años de evolución, y en una sola vida se ve el deterioro si se es detallista, si no la gente termina viviendo en un desierto y no se da cuenta.

Enrique

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